Quizás porque es fiesta y vuelvo de una celebración familiar (mi abuela cumple 79 añazos, ¡felicidades a ella!), o quizás porque estoy inmersa en tres proyectos literarios distintos (siendo uno la corrección de la novela, y dos que os comentaré en otra ocasión) y la pereza me puede… pero hoy por fin me he decidido a completar uno de los microcuentos propuestos por Me Gusta Escribir en su página de Facebook. Todos los martes son martes de #microcuentos; y voy a intentar que, a partir de ahora, en el blog también lo sean.

Martes 8/12/15

Era martes y el orangután, despistado por naturaleza, no tenía ni idea de que era fiesta. Así que se vistió, cogió su maletín y dio un beso en la frente a su esposa, que aún dormía; y, que si hubiera estado despierta, le habría dicho que volviera a la cama, que era fiesta. Pero nadie le dijo nada al Señor Orangután, ni en el metro, ni en el edificio donde trabajaba, aunque el portero le miró con sorpresa; sorpresa que se llevó él, al encontrar la oficina cerrada, y recordar que era martes, y que ese día libraba.

¿Se os ocurre un nuevo final para mi microcuento? ¿Qué le ocurre al Señor Orangután al llegar a casa?

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