¡Buenas, humanos! Os dije que volvería pronto, ¡y aquí estoy, con una nueva entrevista recién salida de la madriguera! Yo habría preferido entrevistar al Conejo de Pascua, al Conejo Blanco o incluso a Bugs Bunny, pero Laura me ha amenazado con dejarme sin zanahoria un mes si vuelvo a montar una fiesta de conejos en casa… Así que vengo con un nuevo humano, ¡Ignacio Mallén! Tal y como se describe a sí mismo,  Ignacio Mallén Lafuente nacido en Teruel, España, el 3 de noviembre de 1984; trabaja como programador informático y es en su tiempo libre cuando se dedica a escribir relatos breves de ciencia ficción. Uno de sus primeros cuentos, “Caja unaCaja”, fue publicado en el tercer número de la revista Redes. Es el autor de la saga Colegio Z, formada por Colegio Z: Ala EsteColegio Z: Ala Oeste. ¿Queréis saber de qué van? ¡Así los describe él mismo!

1 – Colegio Z: Ala este: Los alumnos del colegio privado “Siete de noviembre” deberán luchar por su vida, pero no contra los zombis que les rodean sino contra ellos mismos.

2 – Colegio Z: Ala oeste: Abel y Mario deberán aunar esfuerzos para no sucumbir a la verdadera muerte, al menos hasta que la verdad de Noelia salga a la luz.

Suena bien, ¿eh? Y ahora, ¡veamos qué tiene que decirnos este humano?

Entrevista con Alice
Aish, qué poco me apetece trabajar… ¿alguien tiene un trozo de lechuga para darme?

Bienvenido, Ignacio. ¿Puedes hablarnos un poco de ti? ¿Qué clase de humano es Ignacio? ¿A qué te dedicas?

Gracias. Trabajo de programador informático. La informática es la afición que se convirtió en el modo de ganarme la vida.

¿Qué haces en tu tiempo libre?

Todo lo que me permita evadirme del mundo real.

Muchos humanos empiezan a escribir de cachorros. ¿Cómo empezaste a desarrollar tú esta afición? ¿Recuerdas lo primero que escribiste?

Comencé a escribir en la escuela. Como tarea para el colegio. De vez en cuando la profesora nos encargaba redacciones, historias donde incluir ciertos tipos de adjetivos o tiempos verbales y que yo aprovechaba para crear situaciones extremas o mundos imaginarios. Donde se suponía que debíamos escribir un par de líneas, me lanzaba con una aventura de página y media. A mis compañeros les gustaba lo que contaba y eso me ayudó a seguir haciéndolo.

El primer relato que recuerde que causó aceptación en la EGB, trataba de un chico que debía hacer frente a un toro de lidia en campo abierto con solo su ingenio como arma. Tiempo después, ya en secundaria, me atreví con una novela que no llegué a terminar, donde colocaba a los álter ego de mis compañeros en una especie de sátira espacial humorística. También tuvo relativo éxito.

A partir de ahí, la semilla comenzó a crecer.

¿Son “Colegio Z: Ala este” y “Colegio Z: Ala oeste” tus primeros libros publicados?  ¿Puedes hablarnos un poco de tus libros anteriores, si los hay? ¿Planeas publicarlos algún día? También quiero saber si podré hincar mis incisivos en algún nuevo volumen de Colegio Z… ¿quizás Colegio Z: la rebelión de los conejos de laboratorio?

No son exactamente mis primeros libros publicados, aunque así lo parezca. Antes de Colegio Z, solía escribir relatos breves de ciencia ficción en el tiempo libre que tenía en el colegio y en la Universidad, y entre otros guardo un cariño especial a los relatos “Caja unaCaja” y “Router Man”. Con este último comencé mis pasos en la autopublicación. Es una historia sobre la importancia de los recuerdos y sobre cómo influyen estos en lo que somos, en lo que nos define —vuelvo a tratar este tema de forma leve en la segunda parte de Colegio Z.

Actualmente ya no pueden conseguirse copias físicas de “Router Man” en ningún sitio, pero puede leerse en Internet fácilmente. No tiene mucha calidad literaria, no se aprende a escribir en dos días. Tras Colegio Z: Ala oeste, el colegio Siete de noviembre ha cerrado sus puertas. No es que no pudiese seguir escribiéndose sobre los exalumnos, sino que ya he terminado lo que quería contar.

La historia que tenía dentro era demasiado larga para un solo libro y acabé dividiéndola en dos partes. Dos novelas gemelas. La primera centrada en los alumnos y en su obsesión con el sexo, y la segunda narrada desde el punto de vista zombi y su obsesión con la carne.

¿Cuál fue tu inspiración para Colegio Z? ¿Qué conejo fue tu musa?

Todo empezó con el National Novel Writing Month, aquí un enlace donde se explica el evento. Después conocer el proyecto NaNoWriMo e involucrarme en él, tuve que decidir el género de la novela, y puesto que nunca antes me había enfrentado a un reto semejante —¡escribir 50.000 palabras en un mes!—, estaba claro que tendría que ser una novela coral para así poder explorar diferentes subtramas sin ahogarme. Una novela ambientada en un universo zombi me pareció la mejor idea, ya que por aquella época, los zombis eran los nuevos vampiros. Solo tuve que definir unos arquetipos y la historia empezó a escribirse sola.

Pero, ahora que lo mencionas, no descarto que lo que me motivó a interesarme por el mundo zombi fuese el conejito zombi de “La pajarería de Transilvania”. Me impactó de joven.

Pajarería de Transilvania
¡Lo conozco! A mi dueña le encantaba (los conejos somos la mejor inspiración siempre). En fin, sigamos.  ¿Cuánto tiempo has estado trabajando en la saga? ¿Han cambiado mucho los libros publicados del primer borrador original?

La primera parte, Ala este, es de 2011, y la segunda, Ala oeste, de 2013. Básicamente el tiempo que estuve trabajando en cada libro fue; de forma intensa el mes del reto de escritura —noviembre—, más el tiempo de esbozar los personajes y las tramas los meses anteriores —unos tres meses de forma vaga—, y las correcciones y reescrituras los meses siguientes —otros tres meses.

Hay días en los que me arrepiento de haber lanzado tan pronto ambas historias, pienso que debería haber hecho más revisiones y haber tenido más beta readers, e incluso debería haber reescrito capítulos enteros, pero lo cierto era que no quería que se perdiese la esencia del espíritu NaNoWriMo y por eso decidí no borrar nada sino corregir con cariño los fallos muy graves y dejar el resto tal cual lo escribí en un primer momento.

Cada vez que abro cualquiera de los dos libros en una página al azar, veo errores ortográficos o gramaticales, o cosas que cambiaría, y me entristece saber que podía haberlo corregido si me hubiese dado más tiempo. He decidido que van a quedar así para la posteridad, con sus fallos y aciertos, de días buenos y días malos.

Viviré con ello.

¿Cuáles son tus personajes favoritos de la saga y por qué?

Al terminar de escribir el primer libro me di cuenta de que soy todos los personajes del libro, todas mis personalidades están representadas en cada uno de los personajes de la saga. Me encanta, por ejemplo, la inocencia de Noelia, la bondad de Mario, y sin duda la maldad de Abel, pero hay otros sentimientos con nombre propio a los que también cogí mucho cariño.

No quiero decir nada que pueda considerarse SPOILER, basta con ver cómo a medida que avanza la trama, unos personajes acaban por hacerse protagonistas por su propio peso y van evolucionando, mientras que otros van desapareciendo. Aquellos que más aparecen son con los que más disfruté escribiendo.

Esta pregunta es de mis favoritas: describe tus libros en tres palabras.

Si tuviese que poner tres etiquetas a Colegio Z, serían bullying, adolescencia y sexo.

Ahora, descríbete tú en tres palabras.

Asocial, obseso, nostálgico.

Si tuvieras que recomendar esta obra a alguien que no te conoce, ¿cómo se la venderías?

Le diría que es una versión moderna de El señor de las moscas, con adolescentes en lugar de niños y con zombis en lugar de mar.

Y si no ha leído “El señor de las moscas”, le diría que volviese la vista atrás, a aquella época donde las únicas preocupaciones del día eran si ibas a tener oportunidad de volver a hablar con esa persona especial, o si aquel día se iban a contentar con un par de golpes en las costillas. Sin duda, los días de instituto fueron la mejor y la peor época de nuestras vidas. ¿Qué harías si aquella primera versión de ti mismo quedase encerrado en uno, y no pudiese salir?

Muchos dicen que el libro es enfermizo, que la aversión que se siente es tal que muchos no han podido siquiera terminarlo, que ese tal Mallén es un psicópata, que parece un manicomio en lugar de un colegio. Y que es irreal, que nunca podría pasar algo parecido a eso.

Pero es que la respuesta a esa pregunta, a qué haría un grupo de adolescentes encerrado en un edificio sin supervisión de un adulto, no es algo bonito.

Y finalmente, la pregunta más importante: ¿salen conejos en tu libro? (Si no, ¿por qué no?) (Y también, ¿si me como un libro tuyo, me convertiré en zombie?)

No los hay. Si hubiese conejos en mi libro, sin duda tendrían que ser zombis —como un guiño a la Pajarería, y quise centrar la infección en el ámbito humano. Pues somos el mal de este mundo. Mejor no los pruebes, ya están bastante mal las cosas, no queremos una Guerra Mundial Z.

Está bien, ¡te haré caso! Pero sólo porque no quiero dejar de ser la coneja bella que soy. ¡Muchas gracias por tu tiempo, Ignacio!

Lectores, si estáis interesados en Ignacio Mallén y su obra, Colegio Z, os dejo a continuación unos enlaces muy útiles (salvo si eres un conejo, ya que no te puedes comer las páginas web ): ).

Colegio Z: Ala Este en Googdreads, Facebook, Amazon Babelcube.

Colegio Z: Ala Oeste en Googdreads, Facebook, Amazon Babelcube.

¡Y también tiene página web! Humanos, esto es todo por hoy. Si queréis que el próximo día venga con otra entrevista, ¡decidlo! Pero si preferís que haga una entrada tratando los diferentes tipos de pienso, ¡decidlo también! ¡Que es muy interesante!

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