Acabo de ponerle el punto y final a la primera parte de mi primera novela. Hace casi más de un año que terminé lo que venía siendo su “cuerpo”, después de muchos años de cogerla y dejarla, cogerla y dejarla, en un tira y afloja entre la inspiración y la vida real. Ahora mi vida real es esto, es escribir, ficción y no ficción, y no volveré a perder el ritmo jamás. Lo que más me ha costado ha sido darme cuenta de que la historia que quería contar, grande, fantástica, llena de tramas políticas, ejércitos y protagonistas demasiado pequeños para su mundo, me llevaría más que una sola novela. Pero en cuanto me decidí a dividirla (a escribir dos, o mejor incluso tres), entonces todo encajó. Y en una semana la he terminado.

Me siento extasiada. Exhausta. Emocionada. Nerviosa. Al borde de un ataque de nervios. Sólo Chandler puede expresar con ciencia cierta cómo me siento ahora.

Friends

Seguro que muchos sabéis de lo que os hablo, ¿verdad?

El trabajo no ha terminado, qué va. No ha hecho más que empezar. Me doy dos semanas para corregir la novela, lo que coincidirá con mi viaje a Madrid para asistir al Taller Triunfa con tu libro, que llega como lluvia de mayo. Después de eso, tengo tres días para pedir presupuestos a los distintos servicios editoriales y… a trabajar en ella rodeada de profesionales. La leerán, la destriparán, me echarán a la cara todo lo que no vale aunque yo ame; y sé que lo voy a pasar mal, que voy a sufrir, que voy a llorar, que me va a doler tanto la tripa que me voy a enfermar por el estrés. (Así llevo yo el estrés: bien, como veis).

Pero merecerá tanto la pena.

Estoy dispuesta a invertir tiempo, dinero y esfuerzo en que esta novela se haga realidad. No será un librillo que autopublique sin más y a otra cosa mariposa. Puedo hacerla realidad y lo haré.

Y así, en unos meses, os podré presentar con todo mi orgullo A través de la Arena: Parte 1 (subtítulo aún por decidir).

Espero que os guste tanto como a mi.

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