Este microrrelato nació durante el eclipse de sol del 21 de agosto, que por desgracia desde mi casa no se veía. También nació a petición de un familiar, que me pidió que “le escribiera algo”. Aquí tienes ese algo: espero que te guste 🙂

Eclipse

Cuando la Luna y el Sol chocaron, todo se estremeció bajo ellos. La tierra se oscureció y perdió su color, y el aire se llenó de sonidos que viajaban por las nubes. La Luna se tapó los oídos: no quería escuchar nada, no aquel día, no en aquel instante por el que ella vivía. La Luna amaba su mundo y su lugar en el universo: era el faro de la noche, que daba luz a aquellos que habitaban la lejana Tierra. Le gustaba ser motivo de esperanza y protagonista en sus cantos de amor. Lo que más le gustaba era reflejar la luz del Sol sobre ellos, moldeándola a su gusto, mostrando solo lo que ella deseaba mostrar.

No cambiaría su trabajo por nada, pero había ocasiones en las que no era suficiente. Había días en los que se sentía sola. Cuando las estrellas no eran compañía suficiente, y las nubes que la arropaban no conseguían hacerla entrar en calor, la Luna se precipitaba de nuevo hacia el Sol.

Lo echaba de menos.

Aquel día, el Sol la recibió con los brazos abiertos, y mientras en la Tierra los seres de carne se estremecían por la pérdida de la luz, ella se estremecía en el cálido abrazo que le brindaba su amante.

Sabían que no podían permanecer demasiado tiempo juntos. Sus trabajos eran demasiado importantes: iluminar el día e iluminar la noche. Además, la Luna se derretiría y el Sol se congelaría si su tacto era prolongado, pero se habían echado de menos.

Durante unos segundos, fueron uno, y entonces la Luna se separó de nuevo.

—¿Hasta el próximo eclipse? —preguntó con voz queda.

El Sol sonrió.

—La próxima vez, iré yo a buscarte.

En la Tierra, el alivio colectivo de los seres de hueso subió como un suspiro. La Luna volvió a su oscuridad, y aquella noche brilló con una fuerza inusitada. Hasta que volvieran a encontrarse, brillaría como nunca y se aseguraría de que el Sol nunca la perdiera de vista.

Fin

¿Os ha gustado? ¡Más microrrelatos pronto en el blog!

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