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Laura Morán Iglesias

Página web y blog de Laura Morán, escritora de fantasía y ficción.

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[Microrrelato] Ryl

¡Vuelvo con un nuevo microrrelato! Hacía tiempo que no os traía ninguno, ¡ya tocaba! En esta ocasión, el tuit en el que se basa el relato os lo dejo al final, ¡porque es un poco spoiler!

Ryl

El pegadizo hilo musical sonaba desde los altavoces. Habían repetido tantas veces aquel tema que Nerea lo tarareaba entre dientes sin darse cuenta, mientras paseaba por las casas de exposición.

—Este dormitorio está muy bien. ¿Tú qué opinas?

Su pareja se encogió de hombros y siguió avanzando entre las camas con dosel y los falsos salones. Uno de los sofás captó la atención de Nerea y se lanzó sobre él, comprobando su comodidad. Podía hacerlo sola: sabía que a Ryl no le interesaba lo más mínimo el interiorismo. Para ella, lo mismo daba un sofá que otro, mientras ambas pudieran sentarse a ver la tele juntas.

Además, ir al IKEA le daba dolor de cabeza. Mejor se encargaba Nerea de todo. Bastante agradecida estaba de que hubiera decidido acompañarla.

Así que Nerea se puso manos a la obra y seleccionó todos los muebles que decorarían su nuevo hogar. El dormitorio en tonos claros, con una colcha blanca bordada en flores doradas para que Ryl se acordara de su hogar todas las noches, antes de dormir. Los muebles del salón de colores vivos, y varias estanterías altas para que se paseara la gata siempre que quisiera. Un sofá cama de tres piezas, suficiente para ellas y las posibles visitas.

La cocina, de mármol rojo. La mesita y las sillas de la terraza, en mimbre entretejido. Una cortina para la bañera que imitaba las olas del mar. Y un espejo de pie bien grande, para que Ryl pudiera vestirse cada mañana mientras ella la observaba desde la cama.

Cuando llegó a casa, Nerea estaba exhausta, pero satisfecha. Los muebles llegarían al día siguiente, así que se tiró en el maltrecho sofá que tenían. Junto a la tele en el suelo y un viejo futón en el dormitorio, era todo lo que tenían. Ryl se acurrucó junto a ella en silencio, y Nerea depositó un suave beso en su pelo rojizo.

—Ryl…

Ryl no respondió.

—Ryl, ¿estás bien?

Ryl la observó, con los ojos grandes y azules que parecían una ventana al mar.

—¿Por qué has hecho todo esto? —preguntó. Su voz apenas era audible.

—¿A qué te refieres?

Nerea sabía a qué se refería, pero no quería afrontarlo.

—Los muebles, la casa, planear nuestro futuro juntas.

—Porque te quiero, Ryl.

—Pero no soy real, Nerea.

Oírla decir esas palabras fue como un jarro de agua fría, un golpe de realidad que Nerea no quería enfrentar. La luz traspasaba la piel de Ryl, como siempre había hecho. Su presencia en su hombro era solo una caricia, no pesaba nada. Su voz, un susurro.

Una compañera que solo ella podía ver, como siempre había sido.

—Me da igual, Ryl.

Y volvió a acurrucarse contra ella. Ryl ni siquiera existía, pero la amaba.

Fin.

¿Qué os ha parecido? La petición es de Noomi, que me dio la frase “Ryl ni siquiera existía, pero la amaba.”

¿Os ha gustado? Si es así, ¡comentad! Y si os ha gustado mucho, siempre podéis dejarme un cafecito para que siga escribiendo 😉

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Por qué decidí autopublicar ‘A través de la arena’

¿Por qué decidí autopublicar A través de la arena?

Es una pregunta que me hacen a menudo. ¿Por qué autopublicar, en lugar de intentarlo primero con una editorial? Como sabéis, A través de la arena es mi primera novela y decidí autopublicarla, directamente, sin enviar el manuscrito antes a ninguna editorial. Mi amigo Alberto Sánchez Navarro, autor de Iris (Ediciones Labnar, 2017) me hizo esta misma pregunta tras terminar de leer A través de la arena y me dijo, además, que podía haberla enviado a una editorial, que era material de publicación bueno. Otros amigos se han sorprendido incluso de que la haya autopublicado, porque desconocían que algo así fuera posible.

En sus preguntas no hay mala intención, tan solo desconocimiento sobre el mundo de la autopublicación o la creencia de que la autopublicación es para los rechazos editoriales.

Nada más lejos de la realidad.

La autopublicación es una vía más de publicación, igual de válida que la vía editorial. Autopublicar no implica que tu obra sea mala, que haya sido rechazada por editoriales o que sea un trabajo descuidado. Es cierto que, en el mundo de la autopublicación, hay de todo: mucho bueno y mucho malo. Cualquiera puede subir su libro a Amazon sin revisar ni nada. Pero, seamos honestos: también hay mucho bueno y mucho malo en un catálogo editorial. También hay editoriales que publican sus libros sin revisar, y luego te encuentras horrores como hobillo (esto lo he visto yo misma, no me vengáis a decir que no).

El Castillo Ambulante
El libro es precioso, pero su edición…

El problema de la autopublicación es que está estigmatizada: somos autores que no hemos pasado por el filtro editorial y que no hemos recibido el visto bueno de la policía de la literatura. Parece que si una editorial no te respalda tu obra es, por consecuencia, de segunda o de tercera. Y no es así.

Esta semana es la #SemanaAutopublicados, una iniciativa de Carmelo Beltrán para dar voz a las obras autopublicadas, a las joyas que se esconden detrás de los estigmas. Estad atentos al HT y conoceréis muchas obras nuevas, muchos autores desconocidos y, en general, mucho bueno.

Pero ahora os voy a contar, por fin, por qué decidí autopublicar A través de la arena.

¿Por qué decidí autopublicar A través de la arena?

La verdad es que, cuando me lo preguntan, no sé muy bien qué responder. Porque sí. Porque me pareció lo correcto. Y lo cierto es que creo que la autopublicación era el mejor camino para mí en el momento en el que acabé ATDLA. No porque no pudiera ser aceptada en una editorial, sino porque era lo que tenía que hacer.

A través de la arena
Portada diseñada por Laura López y por mí. Ilustración de Judith Chamizo.

He pasado años trabajando en A través de la arena. Llegó un momento en el que, si no la sacaba al mercado ya, no la sacaría nunca. Por eso la autopublicación se presentó como la vía adecuada: sin buscar editoriales, sin enviar decenas de manuscritos, sin esperar meses por una respuesta. No os equivoquéis: tardé mucho en autopublicarla. La corregí y re-corregí, me ayudaron a maquetarla, diseñamos la portada, las tarjetas, los puntos de libro… El proceso de autopublicación es lento y duro, pero es mío. A través de la arena es mía y de nadie más.

Esto no significa que no vaya a enviar nunca un manuscrito a una editorial: ahora mismo estoy preparando dos. Pero no A través de la arena. Autopublicar me ha dado la libertad que necesitaba mi proyecto y no me arrepiento de nada, aunque eso signifique que me tenga que encargar yo de todo, desde la escritura hasta la publicidad. No será la mejor obra del mundo, ni será mi mejor obra, pero está cuidada al detalle. Y tiene errores que se me han escapado, que he arreglado en las siguientes tiradas, pero esos errores son fruto de la inexperiencia y no de la dejadez.

Los productos autoeditados no están menos cuidados que los editoriales. No son de peor calidad (comprobad, si no, el catálogo de No Es Un Hobby). Lo único que no tienen detrás es un sello editorial que les brinde su apoyo. De alguna manera, autopublicar es incluso más difícil, porque tu eres escritor y editor, publicista y community manager, vendedor y repartidor. Y es una inversión: tienes que ahorrar para todos los pasos, invertir un dinero que no sabes si vas a recuperar algún día.

¿Que por qué decidí autopublicar A través de la arena?

¿Y por qué no?

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#AdoptaUnaAutora: 5 razones por las que he adoptado a Anna-Marie McLemore

En primer lugar, os quiero hablar de Adopta una Autora, una iniciativa que tenéis que conocer más que de sobra.  Adopta una Autora es un blog que busca “adoptantes” para las mujeres escritoras. Quienes adopten una autora, se comprometen a difundir su obra mediante, al menos, dos artículos sobre ella (uno de ellos, una reseña), que podrán ser publicados en el blog de quien adopte, en el de Adopta una Autora o en cualquier otro blog. Mi primera entrada sobre McLemore se publicó en La Nave Invisible: un artículo de investigación sobre la vida y las obras de la autora, para que vayáis conociéndola. En él, explico por encima los motivos que me llevaron a adoptarla, pero he decidido hablaros de ellos más en profundidad.

¿Queréis saber cuáles son?

1. Ha sido ganadora del premio Triptree Jr.

When The Moon Was Ours, su segunda novela, fue premiada con el premio Triptree Jr. 2016, que se otorga a obras que muestran una gran diversidad de género y que se atreven a ir más allá de lo normativo. Cuando leí la sinopsis de la novela ganadora, me enamoré completamente de ella y supe que tenía que leerla. Era la primera vez que oía hablar de McLemore y me caló muy hondo.

When the moon was ours

Debo reconocer que, en un primer momento, me pregunté qué autoridad tenía ella para hablar de los problemas de la gente trans. No me malinterpretéis: no quiero decir que no puedas escribir sobre el tema que quieras, pero creo que en ciertos aspectos es mejor que nos hagamos a un lado y dejemos a los protagonistas de estas historias (escritores y escritoras trans) sean quienes nos cuenten sus propios problemas. Sin embargo, McLemore conoce estos problemas de primera mano, ya que su marido es un hombre trans.

2. Sus novelas retratan una gran diversidad.

Algo que parece evidente, dado que ha ganado un Triptree. No obstante, su diversidad no se centra solo en el género: su primera novela está protagonizada por una chica de origen mexicano y un chico de origen rumano. ¿Cuántos héroes de novela tenemos que sigan las tradiciones mexicanas, o las rumanas? McLemore introduce diversidad de género, sexual y racial en sus novelas, algo que me parece especialmente importante teniendo en cuenta el público al que van dirigidas sus obras: un público juvenil, que tiene que verse representado sea cual sea su condición.

McLemore lo hace a la perfección.

3. Escribe fantasía juvenil.

Un motivo importante para que la adoptara es que escribe fantasía juvenil, ¡igual que yo! Sus novelas suelen tener un componente romántico que es el que mueve la trama, pero la magia forma parte íntegra tanto de esas relaciones como de la trama de sus novelas. En realidad, McLemore se mueve en el género del realismo mágico, ya que la magia se entremezcla con nuestra realidad sin que sean necesarias explicaciones de ningún tipo.

Como escritora de literatura juvenil, y también como lectora, me alegra encontrar ejemplos de artistas que se salen de la norma para ofrecer otra visión a sus lectores. La literatura juvenil, un género bastante denostado en los últimos años, es igual de grande e importante que cualquier otro género. Más, si tenemos en cuenta que influye en la formación de futuros adultos;McLemore ha tenido el valor suficiente como para mostrar otras realidades no normativas a los lectores más jóvenes.

The hardest times are when we need fairy tales most

Cuando todo es más difícil es cuando más necesitamos cuentos de hadas.

Anna-Marie McLemore, en su discurso aceptando el Stonewall Honor.

4. Su persona en las redes sociales.

Aunque no es una persona que divulgue su vida privada en público, las redes sociales como Twitter, donde está más activa, nos permiten ver que todo lo que trata en sus novelas es algo que ella vive día a díaThe weight of feathers nos muestra las secuelas que sufre alguien que ha vivido abusos sexuales, y McLemore no oculta haber sido víctima de abusos. Así mismo, en When the moon was ours se trata el tema de amar a una persona trans, y gracias a sus redes sabemos que McLemore está casada con un chico trans.

No se trata de una autora desvinculada de sus obras: para entenderlas bien es necesario conocerla un poco, y Twitter es una gran ventana a su interior.

5. Porque sí.

Este es mi motivo favorito. En realidad no es porque sí, pero es cierto que cuando la adopté todavía no había comprado ni leído un solo libro suyo. Fue una apuesta arriesgada, pero aunque no me hubiera gustado su obra (que me encanta, ahora que ya he leído algo) no me arrepentiría. ¿Por qué?

Wild Beauty

Cuando conocí a McLemore, redactando la noticia de su premio en los Triptree, me dejé en el tintero mucha información sobre ella, información relevante para su obra y su nominación a esos premios. Sentía que debía contarle al mundo quién era Anna-Marie McLemore y por qué era importante leerla. Se convirtió en un símbolo para mí: un símbolo que representa la no-normatividad, una oportunidad de dar voz a todas las personas silenciadas. Ella representaba algo en lo que creo, por lo que trabajo en La Nave Invisible, pero a mayor escala. Y me dije, ¿por qué no?

Voy a adoptarla. Pues porque sí. Y aquí la tenéis.

Pronto os traeré la reseña de The weight of feathers y comenzaré a leer When the moon was ours. Ambas obras he podido comprarlas y leerlas gracias a vuestras donaciones, ¡sois increíbles! Su próxima novela, Wild Beauty, estará pronto disponible y aún necesito algún café más para poder leerla. Por desgracia, McLemore aún no ha sido traducida al español, pero os animo a leerla si podéis en su idioma original, el inglés.

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[Microrrelato] Vivir sin corazón

Tras un tiempo de parón, ¡os traigo un nuevo microrrelato! En esta ocasión es gracias a la idea de ThalyBlack, que me pidió lo siguiente:

¡Espero que os guste!

Vivir sin corazón

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Tag de autora: mi vida como escritora

Hace tiempo que no traigo una entrada al blog que no sea un relato (o información sobre A través de la arena), y aunque estoy muy contenta por ello, hoy me he cruzado con este booktag sobre mi vida como autora y quería completarlo. No voy a taggear a nadie; pero, si lo hacéis, ¡avisadme para que me pase a leerlo!

Booktag: mi vida como escritora

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[Microrrelato] Imprudencia y valor

Tras dos semanas en las que no he podido traeros ningún #microlaura, hoy vengo con uno más largo de lo habitual. La idea viene inspirada en esta frase que me dio Celia.

 

Una línea muy fina separa la imprudencia del valor.

En esta ocasión, he querido llevaros a mi propio universo, el universo de A través de la arenaLa historia se sitúa en la infancia de Dins, cuando tiene casi 12 años, y cuenta un evento del que se hace alguna referencia a la novela. ¡Tranquilos, que no tiene ningún spoiler de la trama!

Imprudencia y valor

Dins se había quedado rezagado tras el entrenamiento de aquel día. Harad en persona había bajado a supervisarle, algo que le pareció muy extraño: normalmente, quien le daba la clase era Elie, la maestra armera.

—Está a punto de cumplir los doce años, joven príncipe. A partir de ahora, yo mismo me encargaré de su entrenamiento —le había explicado Harad.

Tras eso, había comenzado uno de los entrenamientos más duros de su vida, y Dins no tenía fuerzas ni para devolver la espada a su sitio. Odiaba pelear. Se le daban mucho mejor otros estudios, como el de historia o caligrafía; pero no quería fallar a Harad. Admiraba al capitán de la guardia de su padre más que a nadie: a pesar de parecer frío, era un hombre valiente que siempre se preocupaba por él. No demostraba nunca sus sentimientos abiertamente, pero Dins lo sentía.

Con decisión, Dins sacó fuerzas y retomó de nuevo la espada. El sol se ponía tras los muros de palacio, pero aún tenía luz suficiente para entrenar un rato más y se dedicó a repetir los pasos y las estocadas que le habían enseñado ese día. Las instrucciones de Harad retumbaban en su cabeza. Quería hacerlo bien. Quería ser como él, valiente y fuerte. Cayó la noche y siguió entrenando, hasta que la falta de luz le hizo tropezar y caer sobre la gravilla, raspándose las rodillas.

—¡Au! —gimió.

«Un príncipe no debe mostrar sus emociones» recordó. Compuso una mueca para ocultar el dolor y, recogiendo la espada del suelo, fue a devolverla a su sitio.

Al salir de la caseta, enseguida notó algo extraño: el aire olía a humo y un resplandor rojizo iluminaba lo que antes era oscuridad. Se giró y se asustó al ver que de lo alto de la torre oeste salían lenguas de fuego. No eran lo suficientemente grandes aún como para que se vieran desde lejos, y Dins supo que había sido el primero en verlo. Corrió hacia el castillo con intención de alertar a la guardia, pero al pasar bajo las ventanas de la torre escuchó voces de auxilio.

—¡Hay gente en la torre! –exclamó para sí. El miedo le paralizó por completo. ¿Qué debía hacer? Si buscaba ayuda, llegarían demasiado tarde; pero le daba terror adentrarse él solo.

«Harad no dudaría un instante», pensó.

Echó a correr, tan rápido como le dieron las piernas. Subió los peldaños de la torre de dos en dos y pronto el humo le hizo toser. Se cubrió la cara con las manos y tanteó a ciegas, en busca del origen de incendio. Se topó con una puerta de madera que quemaba bajo sus dedos y empujó con todas sus fuerzas hasta lograr abrirla. Dentro se oían voces, pero él no podía llamarles. No tenía fuerzas suficientes para decirles que podían salir, que estaban a salvo.

Se derrumbó en el suelo, ahogado. La cabeza le daba vueltas.

Jamás sería tan bueno como Harad.

 

—¡… príncipe! ¡Joven príncipe, despierte! —una voz familiar le llamaba desde la oscuridad. Una ráfaga de aire limpio golpeó su cara y Dins abrió los ojos de golpe, tosiendo y aspirando grandes bocanadas.

Lo primero que vio fue el cielo estrellado sobre él: había conseguido escapar vivo. Sus ojos se enfocaron sobre la figura que, preocupada, se cernía sobre él. Una gota caliente cayó sobre su mejilla.

«¿Llueve?»

Se tocó la cara y examinó el líquido.

«¡Sangre!»

Alarmado, miró al hombre que le había rescatado. Harad aún lo sujetaba en sus brazos, y una herida cruzaba su rostro, desfigurándolo. Aún sangraba.

—Estás herido… por mi culpa —masculló Dins con un hilo de voz. Apenas era capaz de hablar—. Solo quería ser tan valiente como tú…

Harad, a pesar de sus heridas, sonrió.

—Una línea muy fina separa la imprudencia del valor, joven príncipe. No debe confundirlas.

Dins se vio atrapado en el abrazo del guardia. Algún día aprendería esa diferencia, pero no aquella noche.

Fin.

Como siempre, se agradecen los comentarios. ¡Espero que os haya gustado!

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[Microrrelato] El mejor Bando de todos

¡Feliz Bando de la Huerta! Hoy es el día grande de las Fiestas de Primavera de Murcia, ¿cómo iba a dejar pasar la oportunidad de traeros una nueva historieta de la resistencia? ¡Algo muy sencillo, que yo misma me voy a ver el desfile en un rato!

El mejor Bando de todos

La Gran Vía estaba llena de gente que trataba de hacerse un hueco para ver las carrozas. El desfile había comenzado a las cinco de la tarde, saliendo desde la Plaza González Conde, y no tardaría en llegar donde estaban ellos. Se esperaba que este Desfile del Bando de la Huerta fuera el más espectacular de la historia del Bando. ¡Y no era para menos! Hacía cinco años que Murcia había sido secuestrada y anexionada al Imperio Británico, y desde entonces cada día del Bando se esforzaban por recordar a los ingleses que, pasara lo que pasase, seguirían siendo murcianos.

En aquella ocasión, Paco habían reservado silla en primera fila: no se perdería una sola carroza por nada del mundo. Cuando el desfile comenzó a entrar por la Gran Vía le dio un vuelco al corazón. En primera instancia, caballos, unicornios y pegasos avanzaban en majestuosa hilera, haciendo demostraciones de poder. Tras ellos, asomado a la tarima de una carroza, el pregonero de aquel año entonaba una soflama panocha a voz en grito.

Paco desconocía el panocho, pero había podido leer una traducción de la soflama antes del desfile y se rio entre dientes ante los insultos y las bravuconadas dirigidas a los ingleses que, desde su posición privilegiada en algunos balcones de la calle, sonreían sin saber qué les decían.

Llegó la Reina Infantil con su séquito, y Paco distinguió a la hija adoptiva de Segun y Leandro: una pequeña ninfa, que saludaba con una sonrisa mellada y repartía caramelos entre los otros niños. Y tras ella, finalmente, la carroza de la Reina.

Erguida en su palco, Emilia lucía el traje de huertana con más estilo que nadie. Era el primer año que una no-humana ganaba el título de Reina del Bando, y Paco no cabía en sí de orgullo. Se levantó, vitoreó y gritó a los cuatro vientos el nombre de su amada, quien desde su altura parecía más imponente que nunca. Cientos de hadas revoloteaban alrededor de Milia y de su corte de damas humanas, enanas y cambiaformas.

Varios leprechauns saltaron por los aires, lanzando monedas de chocolate al público. Las ninfas hicieron surgir de entre sus dedos miles de flores que coronaron el ambiente.

Aquel fue el desfile más impresionante de todos, pero Paco solo recordaría la cara de inmensa felicidad de su Emilia.

Fin

Esta historia se engloba dentro del universo de fantasía murciana en la que se encuentra también Resistencia Murciana. Si os ha gustado, ¡os recomiendo que la leáis! Como siempre, todo comentario es bienvenido ♥

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[Microrrelato] La danza de la naturaleza

¡Llega un nuevo #microlaura! En este caso, está inspirado por una canción y un verso, cortesía de Raquel Laforet.

Al final de la entrada os adjunto la canción. Si podéis, ¡escuchadla, porque es maravillosa!

La danza de la naturaleza

Desde el día de su nacimiento, él nunca había visto el mundo como lo veían los demás. Mientras el resto de niños de la villa jugaba, corría y aprendía, Ngozi se quedaba en casa. Le habían dicho que estaba ciego, que no podía ver, y nadie entendía que él veía, pero de otra manera. No veía las formas o los colores, no veía a sus padres, pero veía. Veía sombras que no existían; no veía el sol pero lo sentía en su piel oscura y podía darle forma; no veía el agua pero la escuchaba correr y sabía qué era. Ante sus ojos blancos danzaban figuras extrañas que se movían a su alrededor.

Con seis años aprendió a comunicarse con las sombras que poblaban su mundo, a dominarlas a placer, obligarlas a hacer su voluntad; y lo que cambiaba en su interior se tornaba realidad fuera. Podía darle forma al mundo que le rodeaba, aunque no pudiera verlo. Le habían dicho que estaba bendecido, aunque a él le parecía una maldición.

Le erigieron Eze, le rodearon de consejeros, le enseñaron a utilizar su don.

Pero solo ahora lo comprendía de verdad.

Ríos de sangre manchaban su tierra. No necesitaba verlos para oler la sangre, sentir su calor en sus manos. Le rodeaba la muerte. Las sombras en sus ojos eran rojas como el fuego. Sus súbditos clamaban tras de sí por la muerte de los impíos.

—¡Igwekala! ¡Igwekala! ¡Igwekala! ¡Igwekala!

Aquel que sirve al pueblo. Y el pueblo pedía la muerte de sus enemigos. Pedía su sacrificio con ellos.

Ngozi cerró los ojos vacíos y dejó que los sonidos de la naturaleza lo envolvieran una vez más. Acalló los gritos y se centró en el sonido del agua, en las aves que sobrevolaban el bosque tropical, en el eco de la tierra. Dejó que la danza de la naturaleza le envolviera en su abrazo. De repente las sombras ante sí desaparecieron; por primera y última vez estaba solo en el mundo, en paz. Ngozi sonrió. Ojalá hubiera podido ver como veían los demás. Ojalá hubiera podido ser como cualquier otro hombre. Pero ahora estaba preparado para cumplir su destino.

Inspiró.

Espiró.

Muerte.

Nada.

Fin.

¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¡Hacédmelo saber en los comentarios! También acepto cafés y me he abierto un Patreon, donde por menos de un euro al mes recibiréis relatos exclusivos, microrrelatos a la carta y más.

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Os dejo con la canción que ha inspirado el relato: Nature’s dance, de Ayreon.

La odisea de la balanza | Relato invitado

La historia de hoy no es mía, pero la quiero como si lo fuera. La quiero porque el relato de hoy, “La odisea de la balanza”, nació gracias al directo conjunto que hicimos el otro día Michel, Blas Cabanilles y yo, jugando con los Story Cubes para Biblioteca-T. Gracias a nuestro vídeo y a nuestras tiradas, que contaban la loca historia del mercader y su balanzanació en Carmen la inspiración para este relato, que me envió para que leyera.

¡Y no podía no compartirlo con vosotros! Con el debido permiso de su autora, Carmen Castro Arroyo, os traigo La odisea de la balanza.

La odisea de la balanza

Si os ha gustado el relato, ¡decídselo a Carmen! Os dejo sus datos de contacto; y yo le haré llegar todos los comentarios que lleguen a esta entrada.

Correo electrónico: carmencastroarroyo@gmail.com

Facebook: Carmen Díaz

Por cierto, ¡que Carmen también dibuja, y lo hace de maravilla! Os dejo con una ilustración que hizo para mi último #microlaura, Risotto con setas.

¿A que es toda una artista?  ¡Pues decídselo!

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