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Laura Morán Iglesias

Página web y blog de Laura Morán, escritora de fantasía y ficción.

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Relatos

[Relato] Mala fortuna | ¡Feliz Halloween 2018!

¡Feliz Halloween a todos! Lo prometido es deuda y este 31 de octubre os dejo con un relato nuevo, un relato murcianico lleno de brujas y música de los ochenta y los noventa. Mala fortuna ha sido mi aportación al segundo volumen de Urge Fanzine y he querido compartirlo en abierto para que disfrutéis de él. Sin más preámbulos, ¡el relato!

Mala fortuna

Lo tenía todo preparado. Sus padres le habían dado permiso para usar su casa de campo de Fortuna para una fiesta de Halloween, siempre que prometiera no destrozar nada. Por supuesto, Victoria había prometido eso y más, aunque no estaba segura de poder cumplir su palabra. Pero le daba igual, porque aquella iba a ser una fiesta memorable. La casa estaba decorada por completo: telarañas falsas cubrían el techo de las dos plantas, había marcas de sangre falsa en las paredes, velas iluminando todos los rincones y cientos de telas negras cubriendo muebles y paredes, dándole un aire tétrico y lúgubre. Era el escenario ideal para la perfecta fiesta de Halloween.

También había preparado la comida: boles llenos de patatas y fritos de todas las clases, cubiertos de gusanos de gominola; dedos de salchicha bañados en kétchup; ojos de gelatina; cupcakes en forma de cerebros; hamburguesas de colores; batidos de sangre, y mucho más. Se había pasado un mes planeando la mejor fiesta del año, que pasaría los anales de la Memoria Histórica. Y había invitado a todo el mundo: amigos, amigos de sus amigos, conocidos, compañeros de clase e incluso gente de otros cursos con la que nunca había hablado.

Todos habían aceptado ir, tal y como ella esperaba. Y no podía estar más contenta. Sabía que poca gente podría resistirse a una fiesta de semejantes características después de los últimos años. Casi todos eran demasiado jóvenes como para recordar la invasión de la Huerta en 2018, pero por culpa de la diosa de la Tierra su vida había sido una miseria tras otra: hambruna, escaramuzas y una vuelta a un pasado que nadie deseaba. Y, para colmo, las inundaciones de 2028 habían vuelto a poner su mundo patas arriba, y todavía intentaban recuperarse de ellas. La gente quería celebrar, desfogarse, dejarse llevar por una noche y Victoria había preparado la fiesta perfecta para ello.

Y también era el momento propicio para ejecutar su plan.

Porque Victoria tenía un plan, un plan infalible para que los próximos diez años fueran como la seda. Parecía ser la única que se había dado cuenta de que todos los problemas que habían sufrido eran culpa de los humanos. Los humanos lo estaban invadiendo todo como una plaga, acabando con la huerta, con los bosques, con el agua y hasta con la capa de ozono. ¿Cómo no iba la naturaleza a quejarse y contraatacar si ellos seguían maltratándola y superpoblándola? Así que había decidido hacer lo correcto y hacerle un favor al mundo acabando de un plumazo con un buen puñado de gente.

Que muchas de las personas invitadas le cayeran mal y se hubieran metido con ella en algún momento de su vida no tenía nada que ver, por supuesto. Era una simple coincidencia. Aquello no era una venganza, era un acto de heroísmo.

—Que empiece la fiesta —murmuró para sí. Su perro, Pencho, levantó una oreja y bostezó en el sofá, claramente ignorando a su dueña.

 

La música sonaba atronadora en todos los rincones de su casa y la gente bailaba como si no hubiera mañana. Victoria se sonrió, mientras ella misma movía la cabeza al ritmo de Miguel Ríos sin poder evitarlo.

Mueve tus caderas

cuando todo vaya mal.

Mueve tus caderas

cada día más

alante y atrás.

Como hipnotizados, sus invitados bailaban y bebían, vertiendo ron Almirante en el sofá y llenándose la boca de los dulces que había preparado con tanto esmero, casi sin pararse a apreciarlos. Victoria gruñó y prefirió seguir disfrutando de la fiesta.

«Panda de desagradecidos».

—¡VICKYYYYYYYYYYY! —gritó una voz ebria desde las escaleras que daban al piso de arriba, donde se apalancaba la gente que quería más «privacidad».

«Ugh».

—¡Sonia! —saludó con fingido entusiasmo.

Sonia, la más popular de clase, bajó dando tumbos los escalones hasta llegar donde estaba. Se lanzó a sus brazos y Victoria tuvo que hacer malabares para sostenerla a ella, a su propia bebida y evitar que el cubata de Sonia acabara en su ropa.

—¡PEAZO BOTELLEO, ACHA! Pero tiene que poner música ma moderna, pijo. ¿Quién es este?

—¡Miguel Ríos, tía! ¿Cómo no lo conoces? —se escandalizó Victoria. ¿Qué clase de cultura musical tenía esta arpía?

—¿Ha salío en Operación Triunfo? —preguntó Sonia, dándole un largo trago a su cubata y soltando un eructo nada disimulado. Victoria se zafó de ella y la dejó que se sujetara contra la barandilla de la escalera.

«Aguanta, Vic, aguanta», trató de calmarse.

—No, Sonia, no ha salido en Operación Triunfo. Pero ahora pongo algo de los zagales de OT, no sufras.

Sonia, no obstante, no estaba sufriendo en absoluto. Ni siquiera la estaba escuchando: se había fijado en un chico que bailaba en el centro del salón dándolo todo y se dirigía tambaleándose hacia él.

—¡Llévame a coscoletas, Pepe! —gritó Sonia, echándose a sus brazos. Pepe la ignoró y siguió bailando.

Victoria suspiró, sacó su iPhone y cambió la lista de reproducción. Se oyó un grito de euforia generalizado cuando sonaron los primeros acordes.

—Incultos —masculló.

El reloj del salón marcaba las doce menos cuarto: hora de desaparecer y prepararlo todo. Subió las escaleras, esquivando los cuerpos borrachos de sus compañeros, y se encerró en la única habitación que había vetado al público: la habitación de sus padres. Abajo, en el salón, sonaban los acordes de una antigua canción de Operación Triunfo.

Hola, mira qué bien me va sola,

nadie a mí me controla.

Y aunque me lo pidas ya no te doy ni la hora.

 

En la habitación estaba todo preparado: un círculo de invocación pintado en el suelo, las velas apagadas en las cinco puntas del pentáculo y el papel con la invocación esperándola en una mesa. Pencho estaba hecho una bola en la cama, inamovible. Agitó un poco la cola cuando la vio aparecer, pero, por lo demás, no dio señales de reconocimiento.

Victoria encendió los cirios, se sentó en el centro del círculo con el papel en la mano y respiró profundamente. El reloj de la mesilla le indicaba que faltaban cinco minutos para las doce. Tenía que empezar ya. Se aclaró la garganta y comenzó a recitar.

«Invocación de bruja,
que como yo solo hay una,
Wicca reencarnada
y normalmente amada.
Me propongo recordar
y mis hechizos recobrar
para poder utilizar
todo mi poder ancestral.

Invoco a mis hermanas,
las brujas bienaventuradas,
para que abran mi mente
dejando que entre
la gran sabiduría
que contiene la brujería.

Invoco a los elementos,
en este gran momento,
para que me ayuden a actuar
y en ningún momento contrariar
las leyes del universo
para que todo sea perfecto.

Ayúdenme a encontrar
el camino correcto
para el hechizo ideal
en este preciso momento».

Durante unos segundos que se le hicieron eternos, no sucedió nada. Un silencio espeso cubría toda la estancia y Victoria solo era capaz de escuchar los latidos de su propio corazón y los ronquidos de Pencho. De repente, se dio cuenta de que solo podía escuchar eso: la música de la planta baja y los ruidos de la fiesta habían enmudecido. Y mientras pensaba qué podía significar, en el techo se abrió un agujero enorme por el que empezaron a salir, una detrás de otra, un montón de brujas.

Victoria gritó y se apartó del círculo de un salto, evitando ser aplastada por una docena de mujeres de todas las edades, alturas y apariencias posibles, que aterrizaron sin miramientos donde un segundo antes habían estado sus piernas. Las brujas observaron a su alrededor y una de ellas dio un paso al frente, sin ocultar la sonrisa divertida al ver a Victoria espatarrada en el suelo con cara de susto.

—¿Nos llamabas? —preguntó con sorna. Era menuda, entrada en carnes y con el pelo corto y de punta, coloreado de verde. Era evidente que era la líder.

—S-sí… —musitó Victoria sin voz.

La música de la planta baja volvía a atronar y las canciones llegaban hasta su cuarto. Las brujas se pararon a escuchar y una de ellas, alta y espigada, dio un par de saltos en el sitio. Tenía el pelo largo y casi blanco, y la piel de un oscuro color negro.

—¡Está sonando Agoney! —chilló, dando palmas.

«¿Las brujas conocen a los triunfitos de hace veinte años?»

Victoria estaba patidifusa.

—S-sí… —repitió, incapaz de decir nada más. Antes de poder reponerse del susto, otra de las brujas, que lucía una espesa barba azul y llevaba un moño de tres metros de alto, dio un paso al frente.

—¿Tienes M-Clan? —preguntó.

—¿Y de las Spice Girls? —preguntó otra.

«¿Qué está pasando?», chilló la mente de Victoria. Pero, como una idiota, solo pudo volver a asentir.

Las brujas chillaron emocionadas ante la perspectiva de escuchar al grupo murciano y Victoria cerró los ojos unos segundos. No entendía nada.

—¿Para qué nos has convocado? —preguntó de nuevo la líder.

«Por fin, vamos al grano».

—Quiero que ejecutéis mi venganza y acabéis con todos mis invitados —explicó atropelladamente. Las brujas se miraron entre sí y una de ellas suspiró, meneando la cabeza.

—Nunca nos convocan pa na divertío —se lamentó una de aspecto adusto y acento extremeño.

—Jo, Maura, yo no quiero matar a nadie —se quejó otra, que llevaba una túnica de colores y ya estaba bailando al ritmo de la música—. ¡Es Halloween! ¡Y hace años que no nos convocan! ¿No podemos disfrutar de la fiesta?

Victoria las miró boqueando como un pez fuera del agua.

—P-pero… —farfulló, pero las brujas le habían dado la espalda y parecían estar deliberando entre ellas.

Tras unos minutos, una de las brujas más jóvenes chilló de alegría y gritó:

—¡Voy a llamar a los chicos!

«¿Los chicos?».

La líder se giró a Victoria y se encogió de hombros.

—Lo siento, niña. Llevamos unos años muy malos y no nos apetece matar a nadie. ¡Nos quedamos a la fiesta!

Antes de que Victoria pudiera decir nada, comenzaron a invocar de cara al agujero que seguía abierto en el techo. De repente, la habitación comenzó a llenarse de seres sobrenaturales: elfos, enanas, duendes y hadas bajaban en tropel por el portal. La habitación se llenó peligrosamente y alguien abrió la puerta al grito de «¡FIESTA EN EL MUNDO HUMANO!»

Lo siguiente que escuchó Victoria fue el sonido de varios cristales rotos y exclamaciones de jolgorio en la planta de abajo. Al parecer, a sus invitados humanos no les importaba nada la presencia de seres extraños: cuantos más, mejor. Se quedó completamente sola en la habitación, escuchando cómo la fiesta que debía haber cumplido todos sus sueños se descontrolaba, y miró a Pencho con tristeza.

—Bueno, Pencho, al menos sí habrá un humano menos tras esta noche —murmuró—. Mamá me va a matar.

Pencho, como era de esperar, ni siquiera levantó la cabeza para mirarla.

Fin

¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? Sabéis que me encanta conocer vuestra opinión, así que podéis dejarme un comentario con vuestras impresiones. Y si os ha gustado mucho mucho, también podéis dejar un cafecillo. ¡Gracias por leer!

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[Relato] Aquelarre de Hermanas #2 | OrigiReto febrero 2018

Vuelvo con un nuevo relato gratuito: Aquelarre de Hermanas II. De nuevo, son dos relatos cortos entrelazados entre sí, y que en esta ocasión continúan el relato que os traje en enero, Aqularre de Hermanas. Como podíais imaginar, forman parte del OrigiReto 2018 de febrero y, para quienes no lo conozcáis, es un reto de escritura propuesto por Stiby y Kattydos escritoras blogueras que han querido despertar nuestra originalidad con 24 ideas para relatos. ¡Ellas lo explican mejor en esta entrada! Como cada reto va sumando puntos, aquí os dejo mi tarjeta de este mes.

origireto febrero

Como os he dicho antes, estos dos relatos son la continuación del OrigiReto de enero, así que os recomiendo pasaros a leerlos antes de atacar la nueva entrega para que no os perdáis nada. En esta ocasión, he escogido la propuesta tres, un relato en las redes sociales, para La maldición de los escritores; mientras que La noche del olvido se basa en la propuesta veintidós, un corte de pelo por motivos peculiares. ¡Espero que os gusten!

La maldición de las escritoras

«Estimada Natalia,

Tras examinar tu anterior trabajo de Edad Media, el Aquelarre quería solicitar un nuevo relato. Las Hermanas hemos quedado fascinadas por tus dotes de narradora, y si nos envías un nuevo relato servirá para subir tu nota en la asignatura. El único requisito es que continúes con la historia de la protagonista.

Un saludo,

Cordelia Pérez

Vicerrectora del Círculo Científicomago.

Enviado desde mi iOwl.»

Natalia observó el pergamino que le tendía la lechuza electrónica y parpadeó, confundida. La lechuza desapareció por la ventana y ella se quedó sola en casa. Cogió la Tablet y abrió Facescroll.

«La vicerrectora acaba de mandarme el owlmail más extraño que he leído en mi vida. Aún estoy intentando procesarlo.

Me siento extrañada.»

Acto seguido, abrió WhatSpell y entró en Salem Initiative .

»Chicas! No sabes lo que me acaba de pasar XD

»Alicia está escribiendo…

»¿Es lo de la vicerrectora? ¿Qué te ha dicho?

»El Círculo quiere que entregue un nuevo trabajo pa subir nota, tías

»¿Y eso? o.O

»Se ve que les ha gustado mucho cmo escribo, yo q sé XD

»Pero quieren que continúe la historia anterior, con la misma protagonista.

»Sare está escribiendo…

»Me cago en tus muertos pisaos! Y te ban a subir nota por eso? D:

»Alicia está escribiendo…

»Cuida la ortografía, Sare, joder, que me sangran los ojos.

»Sare está escribiendo…

»Typo. Sorry 😛

»Y qué vas a escribir, Nat?

»Pues ni puta idea, joder. Osea, que ni siquiera sé quién es la prota.

»Yo solo me puse a escribir y me salió de dentro, como si ya conociera la historia.

»Alicia está escribiendo…

»lol XD

»Si necesitas ayuda, ya sabes.

»Deberías investigar un poquito más sobre el período y luego darle a la pluma.

»Con tu imaginación no debería ser problema.

»Gracias ❤ :*

»Cuando vengas a casa trae pan, porfa.

»Alicia envió un archivo GIF.

Cerró la aplicación y tiró el Smartphone en la cama, donde todavía estaba remoloneando. La lechuza le había pillado durmiendo hasta tarde, como casi todos los sábados.

«Mejor me levanto y me pongo con ello» pensó, desperezándose.

—OK Kedward, reproduce la lista de reproducción Escritura en Witchify.

La asistente virtual de su Smartphone se puso manos a la obra, y momentos después la música sonaba por toda la casa. Con un movimiento de mano hizo aparecer una taza de café frío en su escritorio y se dejó caer en la silla. Agarró la taza y calentó el contenido, y con un chasquido de sus dedos hizo aparecer delante suyo la S-Pluma y el pergamino electrónico. También cogió su Tablet y entró en Chirper.

«Natalia Wytte @n_nwytten_n

Subir nota de una asignatura entregando relatos es: bien 😀 #goals #literachirp»

El sonido de una notificación la distrajo, y abrió Facescroll para echar un vistazo a sus comentarios.

«La vicerrectora acaba de mandarme el owlmail más extraño que he leído en mi vida. Aún estoy intentando procesarlo.

Me siento extrañada.

☺  ♥ A 8 personas les gusta esto.

Rob Tennison ¿Ya te han echado del Círculo por jugar con el tiempo?

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                Marta de Lara Si lo hubieran hecho, habría usado otro conjuro para retroceder XD

                Me gusta · Responder · 1h

Fiona Fawkes Pic it or it didn’t happen!

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Will Wytte ¿Qué ha pasado cariño? ¿Todo bien? Dice tu madre que si necesitas que se aparezca en tu casa que va para allá tú no te preocupes que te apoyamos en todo.

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Will Wytte Pero deja de utilizar hechizos para parar el tiembo.

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Will Wytte Quería decir el tiempo, perdona.

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Will Wytte Y a ver cuándo vienes de visita que la yaya Joan te echa de menos y está pensando en mandarte un maleficio por carta si no vienes.

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Will Wytte envió un archivo GIF

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                Natalia Wytte Gracias, papá. Todo bien. Luego te llamo :*

                Me gusta · Responder · 1 min

Alicia Wonderland Me encanta tu padre, Nat. Señor Will, no cambie nunca.

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            Will Wytte Tú también me gustas mucho para mi hija ♥

            Me gusta · Responder · 10 min

            Natalia Wytte Ya os vale.

            Me gusta · Responder · 1 min»

Natalia bufó y cerró Facescroll, avergonzada.

—OK Kedward, toma nota: llamar a mis padres. Matar a Alicia.

—Nota guardada en Recordatorios.

«Genial, ahora me han distraído. No se puede escribir con las redes sociales abiertas» pensó. Dio un sorbo a su café y entró de nuevo en Chirper.

«Natalia Wytte @n_nwytten_n

No hay nada como tener a tu padre y a tu mejor amiga en Facescroll. Las risas a tu costa están aseguradas #sucks #ohwell

Natalia Wytte @n_nwytten_n

Y con tanta tontería todavía no me he puesto a escribir. Chirperas, una pregunta: ¿os interesa que suba a WatParch este relato y el anterior? Si me dejan en el Círculo, claro.

                ○ Sí

                ○ No

                ○ No sé pero me gusta votar

Alice in Wonderland @alice_white_rabbit

Me encanta que el padre de @n_nwytten_n tenga Facescroll XD

Natalia Wytte @n_nwytten_n

En respuesta a @alice_white_rabbit

Voy a echarle un maleficio a tu desayuno de mañana, ya verás.»

—Venga, Nat, deja de distraerte, que se te va a hacer de noche.

La música seguía sonando de fondo, flotando por la habitación, e inspiró profundamente antes de comenzar a dictar.

—La noche cayó de nuevo en el poblado y me vi transportada…

Tirorí tirorá… Tirorí tirorá…

El sonido de su WhatSpell la cortó y con un bufido cogió el smatphone, pensando en tirarlo por la ventana.

—OK Kedward, activa el modo no molestar —gruñó mientras entraba a revisar los mensajes.

«3 notificaciones de Salem Initiative

»Alicia: ¿Has podido escribir mucho?

»Sare: Seguro q se ha pasado la mañana en chirper xd

»Vera: Cuándo tienes que entregarlo??!!! ☺☺☺

»No he pdido escribir na

»porque sois unas pesadas

»sobretodo Alicia

»y no tengo fecha de entrega

Saliste del grupo»

—A ver si ahora puedo escribir, joder.

La noche del olvido

La noche cayó de nuevo en Bodmin y cerré las contraventanas de casa, dejando fuera la oscuridad. El fuego del hogar iluminaba toda la estancia y me senté a intentar leer a la lumbre. Prefería esperar a que el sueño me encontrara leyendo a que el silencio de la noche me transportara de nuevo a la desesperación. Desde aquella noche apenas había sido capaz de pegar ojo: mi mente me llevaba una y otra vez al momento en el que terminamos el ritual, acabando así con la vida de millones de hombres. Saber que habíamos llevado a cabo un silencioso genocidio no era sencillo, aunque volvería a hacerlo de ser necesario.

Ahora las cosas nos iban mejor, a las brujas y a las mujeres. Era lo que me repetía una y otra vez, cuando el pensamiento de que habíamos cometido un error me asaltaba. Habíamos tomado el poder de un plumazo, y habíamos acabado con los que abusaban de él. Pero eso no evitaba que las noches me pusieran los pelos de punta.

Alguien llamó a la puerta y pegué un brinco. Dejé el libro en la mesa y me cubrí con el chal, como si quisiera protegerme de los intrusos.

—¿Quién es? —pregunté con seguridad, acercándome a la puerta.

—Joan, abre. Soy Abigail. —La voz de mi amiga sonaba preocupada, y me apresuré a abrir la puerta. Con ella venía una de nuestras hermanas más jóvenes, Belice. La conocía de haberla visto en algún aquelarre, pero nunca había hablado mucho con ella. Era una chica tímida y callada, pero hoy parecía querer desaparecer de la faz de la tierra: temblaba y tenía la cabeza gacha, aunque no ocultaba la mirada perdida y las ojeras bajo sus ojos.

Las dejé pasar de inmediato y cerré detrás de mí. Por costumbre eché el cerrojo y corrí las cortinas, preocupada de que un vecino fisgón estuviera mirando y nos denunciara por herejía. A veces se me olvidaba que eso ya no podía suceder.

—Sentaos, prepararé té.

Abigail llevó a Belice hacia el diván y le acomodó una manta sobre los hombros, abrigándola a pesar del fuego. Puse el agua a calentar y escogí mis mejores hierbas: una infusión de valeriana y hierbabuena, con un toque de albahaca para darle buen olor y un poco de pasiflora. Belice lo necesitaba con urgencia. Para Abigail y para mí saqué una botellita de licor, que nos sentaría mucho mejor.

—¿Qué sucede? —pregunté cuando el té estuvo listo y Belice sostenía su taza entre las manos. Había aprendido con el tiempo que era mejor guardar silencio hasta que todo el mundo hubiera dado un sorbo de sus bebidas. La joven bruja no habló, así que miré a Abigail en busca de una explicación.

—No lo supera —dijo con simpleza.

No necesité saber más. No superaba la Noche de la Desesperación, el asesinato, tener las manos manchadas de sangre. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. No me extrañaba: Belice era un alma cándida que jamás había hecho daño a nadie. Estudiaba para ser curandera, como yo, y ahora…

—¿Y qué puedo hacer yo por ella? —pregunté, intentando sacar de mi mente el horror de nuestros actos.

—Dice que quiere olvidar.

Belice negó fuertemente con la cabeza y cerró los ojos.

—Bel, ¿estás bien? —le pregunté, acercándome a ella lentamente. Ella pareció no escuchar y comenzó a agitarse, adelante y atrás, adelante y atrás, como en un mantra. Le quité la taza de las manos para que no se derramara el té caliente por encima, pero pareció darle igual.

—Apenas habla. Ayer todo lo que decía es «no puedo, no puedo, no puedo más. Lo que he visto es demasiado, quitádmelo, quitádmelo…» —narró Abigail con la voz rota. Parecía tan agotada como Belice. Abigail era su vecina, y prácticamente había visto crecer a la joven—. Desde entonces no ha dicho nada más.

Intenté hablar, pero un nudo en la garganta me lo impedía. Un hechizo de olvido… era posible, sí. Y Abigail sabía que yo podía hacerlo. Pero también sabía que me asqueaban: borrarle la memoria a alguien, aunque fuera para sanarle, era robarle una parte de su ser.

—Estos sucesos… los traumas deben superarse mediante la sanación del alma, no del olvido, Abigail —intenté razonar con ella. Negó con la cabeza y suspiré.

—No podrá. Su alma se ha roto en pedazos, Joan. La única forma de recomponerla es ayudándola a olvidar y que comience de nuevo.

—Es arriesgado. Podría no olvidar lo suficiente. Podría olvidarlo todo, hasta quién es. Podría solo olvidar trozos, y recordar lo que hicimos pero no por qué lo hicimos, y así ni siquiera tendría el consuelo de que fue lo correcto. —Volví a la carga. Odiaba estos conjuros.

—Lo sé. Ella también lo sabe. Pero creo que, dado su estado actual, el riesgo merece la pena.

Miré de reojo a Belice, que se había quedado muy quieta de repente, y tuve que contener un sollozo. Era una joven prometedora: había tenido el don de sanar cualquier pesar solo con una palabra, y ahora estaba perdida. Podría convertirse en una persona completamente diferente… pero ya lo era, en cierto modo. Cerré los ojos, inspiré y me puse manos a la obra. No tenía sentido perder el tiempo. Me giré y comencé a sacar ingredientes de la estantería. Era un hechizo poderoso, pero se podía conseguir con muy poco. Solo había que saber hacerlo.

Junté los ingredientes en un caldero y vertí sobre él una botella de sangre de caballo. El olor inundó el cuarto y me dio arcadas. Lo llevé al fuego y cuando comenzó a hervir, me giré hacia Belice. En mis manos llevaba unas afiladas tijeras.

—Lo siento mucho —susurré. Cogí su larga trenza pelirroja y con un corte me la llevé toda: su melena bastaría. La eché al caldero y el olor a pelo quemado se sumó al de la sangre. Vi que Abigail se tapaba la nariz y la boca, conteniendo las ganas de vomitar. Ninguna bruja se acostumbraba a esto.

Cuando la poción estuvo lista la embotellé y se la tendí a Abigail.

—Llévala a su casa y dásela allí. Si está entre sus cosas es más fácil que no se pierda a sí misma.

Cuando cerraron la puerta, rompí a llorar.

 

¿Qué os han parecido? Me lo he pasado tremendamente bien con la primera parte, incluso tonteé un poco con los programas para hacer conversaciones falsas en Facebook y Twitter. Pero no conseguía darle formato a todo, así que lo he dejado tal y como lo escribí. También se ha perdido algo de formato al pasarlo a WordPress, ¡pero entendéis la idea!

Espero que os hayan gustado. Es posible que el mes que viene continúe esta historia, ¿quién sabe lo que el futuro le aguarda a Natalia? No olvidéis que si os gusta lo que escribo, podéis leer más cositas gratis en mi blog, o por un dólar el relato acceder a contenido exclusivo en mi Patreon. ¡Y también podéis darme un cafecillo para que siga adelante! 🙂

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[Relato] Aquelarre de Hermanas | OrigiReto enero 2018

¡Buenas, y feliz 2018! Os traigo el primer relato del año: Aquelarre de Hermanas. Se trata de dos relatos cortos enlazados entre ellos, y que forman parte del OrigiReto 2018 de enero. Para quienes no conozcáis qué es el OrigiReto, es un reto de escritura propuesto por Stiby y Kattydos escritoras blogueras que han querido despertar nuestra originalidad con 24 ideas para relatos. ¡Ellas lo explican mejor en esta entrada! En líneas generales, el reto consiste en escribir uno o dos relatos al mes, de máximo 1000 palabras, con las ideas que nos dan. ¡Y vas sumando puntos! Yo he ido a por todas y he querido sumar todos los puntos de la ficha, como veis a continuación.

origireto enero

Para cumplir con el reto os traigo Aquelarre de Hermanas, una historia en dos partes: Trabajos de historia El último recurso de las brujas. ¡Espero que os gusten!

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[Microrrelato] Eclipse

Este microrrelato nació durante el eclipse de sol del 21 de agosto, que por desgracia desde mi casa no se veía. También nació a petición de un familiar, que me pidió que “le escribiera algo”. Aquí tienes ese algo: espero que te guste 🙂

Eclipse

Cuando la Luna y el Sol chocaron, todo se estremeció bajo ellos. La tierra se oscureció y perdió su color, y el aire se llenó de sonidos que viajaban por las nubes. La Luna se tapó los oídos: no quería escuchar nada, no aquel día, no en aquel instante por el que ella vivía. La Luna amaba su mundo y su lugar en el universo: era el faro de la noche, que daba luz a aquellos que habitaban la lejana Tierra. Le gustaba ser motivo de esperanza y protagonista en sus cantos de amor. Lo que más le gustaba era reflejar la luz del Sol sobre ellos, moldeándola a su gusto, mostrando solo lo que ella deseaba mostrar.

No cambiaría su trabajo por nada, pero había ocasiones en las que no era suficiente. Había días en los que se sentía sola. Cuando las estrellas no eran compañía suficiente, y las nubes que la arropaban no conseguían hacerla entrar en calor, la Luna se precipitaba de nuevo hacia el Sol.

Lo echaba de menos.

Aquel día, el Sol la recibió con los brazos abiertos, y mientras en la Tierra los seres de carne se estremecían por la pérdida de la luz, ella se estremecía en el cálido abrazo que le brindaba su amante.

Sabían que no podían permanecer demasiado tiempo juntos. Sus trabajos eran demasiado importantes: iluminar el día e iluminar la noche. Además, la Luna se derretiría y el Sol se congelaría si su tacto era prolongado, pero se habían echado de menos.

Durante unos segundos, fueron uno, y entonces la Luna se separó de nuevo.

—¿Hasta el próximo eclipse? —preguntó con voz queda.

El Sol sonrió.

—La próxima vez, iré yo a buscarte.

En la Tierra, el alivio colectivo de los seres de hueso subió como un suspiro. La Luna volvió a su oscuridad, y aquella noche brilló con una fuerza inusitada. Hasta que volvieran a encontrarse, brillaría como nunca y se aseguraría de que el Sol nunca la perdiera de vista.

Fin

¿Os ha gustado? ¡Más microrrelatos pronto en el blog!

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[Microrrelato] Ryl

¡Vuelvo con un nuevo microrrelato! Hacía tiempo que no os traía ninguno, ¡ya tocaba! En esta ocasión, el tuit en el que se basa el relato os lo dejo al final, ¡porque es un poco spoiler!

Ryl

El pegadizo hilo musical sonaba desde los altavoces. Habían repetido tantas veces aquel tema que Nerea lo tarareaba entre dientes sin darse cuenta, mientras paseaba por las casas de exposición.

—Este dormitorio está muy bien. ¿Tú qué opinas?

Su pareja se encogió de hombros y siguió avanzando entre las camas con dosel y los falsos salones. Uno de los sofás captó la atención de Nerea y se lanzó sobre él, comprobando su comodidad. Podía hacerlo sola: sabía que a Ryl no le interesaba lo más mínimo el interiorismo. Para ella, lo mismo daba un sofá que otro, mientras ambas pudieran sentarse a ver la tele juntas.

Además, ir al IKEA le daba dolor de cabeza. Mejor se encargaba Nerea de todo. Bastante agradecida estaba de que hubiera decidido acompañarla.

Así que Nerea se puso manos a la obra y seleccionó todos los muebles que decorarían su nuevo hogar. El dormitorio en tonos claros, con una colcha blanca bordada en flores doradas para que Ryl se acordara de su hogar todas las noches, antes de dormir. Los muebles del salón de colores vivos, y varias estanterías altas para que se paseara la gata siempre que quisiera. Un sofá cama de tres piezas, suficiente para ellas y las posibles visitas.

La cocina, de mármol rojo. La mesita y las sillas de la terraza, en mimbre entretejido. Una cortina para la bañera que imitaba las olas del mar. Y un espejo de pie bien grande, para que Ryl pudiera vestirse cada mañana mientras ella la observaba desde la cama.

Cuando llegó a casa, Nerea estaba exhausta, pero satisfecha. Los muebles llegarían al día siguiente, así que se tiró en el maltrecho sofá que tenían. Junto a la tele en el suelo y un viejo futón en el dormitorio, era todo lo que tenían. Ryl se acurrucó junto a ella en silencio, y Nerea depositó un suave beso en su pelo rojizo.

—Ryl…

Ryl no respondió.

—Ryl, ¿estás bien?

Ryl la observó, con los ojos grandes y azules que parecían una ventana al mar.

—¿Por qué has hecho todo esto? —preguntó. Su voz apenas era audible.

—¿A qué te refieres?

Nerea sabía a qué se refería, pero no quería afrontarlo.

—Los muebles, la casa, planear nuestro futuro juntas.

—Porque te quiero, Ryl.

—Pero no soy real, Nerea.

Oírla decir esas palabras fue como un jarro de agua fría, un golpe de realidad que Nerea no quería enfrentar. La luz traspasaba la piel de Ryl, como siempre había hecho. Su presencia en su hombro era solo una caricia, no pesaba nada. Su voz, un susurro.

Una compañera que solo ella podía ver, como siempre había sido.

—Me da igual, Ryl.

Y volvió a acurrucarse contra ella. Ryl ni siquiera existía, pero la amaba.

Fin.

¿Qué os ha parecido? La petición es de Noomi, que me dio la frase “Ryl ni siquiera existía, pero la amaba.”

¿Os ha gustado? Si es así, ¡comentad! Y si os ha gustado mucho, siempre podéis dejarme un cafecito para que siga escribiendo 😉

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[Microrrelato] Vivir sin corazón

Tras un tiempo de parón, ¡os traigo un nuevo microrrelato! En esta ocasión es gracias a la idea de ThalyBlack, que me pidió lo siguiente:

¡Espero que os guste!

Vivir sin corazón

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[Microrrelato] Imprudencia y valor

Tras dos semanas en las que no he podido traeros ningún #microlaura, hoy vengo con uno más largo de lo habitual. La idea viene inspirada en esta frase que me dio Celia.

 

Una línea muy fina separa la imprudencia del valor.

En esta ocasión, he querido llevaros a mi propio universo, el universo de A través de la arenaLa historia se sitúa en la infancia de Dins, cuando tiene casi 12 años, y cuenta un evento del que se hace alguna referencia a la novela. ¡Tranquilos, que no tiene ningún spoiler de la trama!

Imprudencia y valor

Dins se había quedado rezagado tras el entrenamiento de aquel día. Harad en persona había bajado a supervisarle, algo que le pareció muy extraño: normalmente, quien le daba la clase era Elie, la maestra armera.

—Está a punto de cumplir los doce años, joven príncipe. A partir de ahora, yo mismo me encargaré de su entrenamiento —le había explicado Harad.

Tras eso, había comenzado uno de los entrenamientos más duros de su vida, y Dins no tenía fuerzas ni para devolver la espada a su sitio. Odiaba pelear. Se le daban mucho mejor otros estudios, como el de historia o caligrafía; pero no quería fallar a Harad. Admiraba al capitán de la guardia de su padre más que a nadie: a pesar de parecer frío, era un hombre valiente que siempre se preocupaba por él. No demostraba nunca sus sentimientos abiertamente, pero Dins lo sentía.

Con decisión, Dins sacó fuerzas y retomó de nuevo la espada. El sol se ponía tras los muros de palacio, pero aún tenía luz suficiente para entrenar un rato más y se dedicó a repetir los pasos y las estocadas que le habían enseñado ese día. Las instrucciones de Harad retumbaban en su cabeza. Quería hacerlo bien. Quería ser como él, valiente y fuerte. Cayó la noche y siguió entrenando, hasta que la falta de luz le hizo tropezar y caer sobre la gravilla, raspándose las rodillas.

—¡Au! —gimió.

«Un príncipe no debe mostrar sus emociones» recordó. Compuso una mueca para ocultar el dolor y, recogiendo la espada del suelo, fue a devolverla a su sitio.

Al salir de la caseta, enseguida notó algo extraño: el aire olía a humo y un resplandor rojizo iluminaba lo que antes era oscuridad. Se giró y se asustó al ver que de lo alto de la torre oeste salían lenguas de fuego. No eran lo suficientemente grandes aún como para que se vieran desde lejos, y Dins supo que había sido el primero en verlo. Corrió hacia el castillo con intención de alertar a la guardia, pero al pasar bajo las ventanas de la torre escuchó voces de auxilio.

—¡Hay gente en la torre! –exclamó para sí. El miedo le paralizó por completo. ¿Qué debía hacer? Si buscaba ayuda, llegarían demasiado tarde; pero le daba terror adentrarse él solo.

«Harad no dudaría un instante», pensó.

Echó a correr, tan rápido como le dieron las piernas. Subió los peldaños de la torre de dos en dos y pronto el humo le hizo toser. Se cubrió la cara con las manos y tanteó a ciegas, en busca del origen de incendio. Se topó con una puerta de madera que quemaba bajo sus dedos y empujó con todas sus fuerzas hasta lograr abrirla. Dentro se oían voces, pero él no podía llamarles. No tenía fuerzas suficientes para decirles que podían salir, que estaban a salvo.

Se derrumbó en el suelo, ahogado. La cabeza le daba vueltas.

Jamás sería tan bueno como Harad.

 

—¡… príncipe! ¡Joven príncipe, despierte! —una voz familiar le llamaba desde la oscuridad. Una ráfaga de aire limpio golpeó su cara y Dins abrió los ojos de golpe, tosiendo y aspirando grandes bocanadas.

Lo primero que vio fue el cielo estrellado sobre él: había conseguido escapar vivo. Sus ojos se enfocaron sobre la figura que, preocupada, se cernía sobre él. Una gota caliente cayó sobre su mejilla.

«¿Llueve?»

Se tocó la cara y examinó el líquido.

«¡Sangre!»

Alarmado, miró al hombre que le había rescatado. Harad aún lo sujetaba en sus brazos, y una herida cruzaba su rostro, desfigurándolo. Aún sangraba.

—Estás herido… por mi culpa —masculló Dins con un hilo de voz. Apenas era capaz de hablar—. Solo quería ser tan valiente como tú…

Harad, a pesar de sus heridas, sonrió.

—Una línea muy fina separa la imprudencia del valor, joven príncipe. No debe confundirlas.

Dins se vio atrapado en el abrazo del guardia. Algún día aprendería esa diferencia, pero no aquella noche.

Fin.

Como siempre, se agradecen los comentarios. ¡Espero que os haya gustado!

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[Microrrelato] El mejor Bando de todos

¡Feliz Bando de la Huerta! Hoy es el día grande de las Fiestas de Primavera de Murcia, ¿cómo iba a dejar pasar la oportunidad de traeros una nueva historieta de la resistencia? ¡Algo muy sencillo, que yo misma me voy a ver el desfile en un rato!

El mejor Bando de todos

La Gran Vía estaba llena de gente que trataba de hacerse un hueco para ver las carrozas. El desfile había comenzado a las cinco de la tarde, saliendo desde la Plaza González Conde, y no tardaría en llegar donde estaban ellos. Se esperaba que este Desfile del Bando de la Huerta fuera el más espectacular de la historia del Bando. ¡Y no era para menos! Hacía cinco años que Murcia había sido secuestrada y anexionada al Imperio Británico, y desde entonces cada día del Bando se esforzaban por recordar a los ingleses que, pasara lo que pasase, seguirían siendo murcianos.

En aquella ocasión, Paco habían reservado silla en primera fila: no se perdería una sola carroza por nada del mundo. Cuando el desfile comenzó a entrar por la Gran Vía le dio un vuelco al corazón. En primera instancia, caballos, unicornios y pegasos avanzaban en majestuosa hilera, haciendo demostraciones de poder. Tras ellos, asomado a la tarima de una carroza, el pregonero de aquel año entonaba una soflama panocha a voz en grito.

Paco desconocía el panocho, pero había podido leer una traducción de la soflama antes del desfile y se rio entre dientes ante los insultos y las bravuconadas dirigidas a los ingleses que, desde su posición privilegiada en algunos balcones de la calle, sonreían sin saber qué les decían.

Llegó la Reina Infantil con su séquito, y Paco distinguió a la hija adoptiva de Segun y Leandro: una pequeña ninfa, que saludaba con una sonrisa mellada y repartía caramelos entre los otros niños. Y tras ella, finalmente, la carroza de la Reina.

Erguida en su palco, Emilia lucía el traje de huertana con más estilo que nadie. Era el primer año que una no-humana ganaba el título de Reina del Bando, y Paco no cabía en sí de orgullo. Se levantó, vitoreó y gritó a los cuatro vientos el nombre de su amada, quien desde su altura parecía más imponente que nunca. Cientos de hadas revoloteaban alrededor de Milia y de su corte de damas humanas, enanas y cambiaformas.

Varios leprechauns saltaron por los aires, lanzando monedas de chocolate al público. Las ninfas hicieron surgir de entre sus dedos miles de flores que coronaron el ambiente.

Aquel fue el desfile más impresionante de todos, pero Paco solo recordaría la cara de inmensa felicidad de su Emilia.

Fin

Esta historia se engloba dentro del universo de fantasía murciana en la que se encuentra también Resistencia Murciana. Si os ha gustado, ¡os recomiendo que la leáis! Como siempre, todo comentario es bienvenido ♥

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[Microrrelato] La danza de la naturaleza

¡Llega un nuevo #microlaura! En este caso, está inspirado por una canción y un verso, cortesía de Raquel Laforet.

Al final de la entrada os adjunto la canción. Si podéis, ¡escuchadla, porque es maravillosa!

La danza de la naturaleza

Desde el día de su nacimiento, él nunca había visto el mundo como lo veían los demás. Mientras el resto de niños de la villa jugaba, corría y aprendía, Ngozi se quedaba en casa. Le habían dicho que estaba ciego, que no podía ver, y nadie entendía que él veía, pero de otra manera. No veía las formas o los colores, no veía a sus padres, pero veía. Veía sombras que no existían; no veía el sol pero lo sentía en su piel oscura y podía darle forma; no veía el agua pero la escuchaba correr y sabía qué era. Ante sus ojos blancos danzaban figuras extrañas que se movían a su alrededor.

Con seis años aprendió a comunicarse con las sombras que poblaban su mundo, a dominarlas a placer, obligarlas a hacer su voluntad; y lo que cambiaba en su interior se tornaba realidad fuera. Podía darle forma al mundo que le rodeaba, aunque no pudiera verlo. Le habían dicho que estaba bendecido, aunque a él le parecía una maldición.

Le erigieron Eze, le rodearon de consejeros, le enseñaron a utilizar su don.

Pero solo ahora lo comprendía de verdad.

Ríos de sangre manchaban su tierra. No necesitaba verlos para oler la sangre, sentir su calor en sus manos. Le rodeaba la muerte. Las sombras en sus ojos eran rojas como el fuego. Sus súbditos clamaban tras de sí por la muerte de los impíos.

—¡Igwekala! ¡Igwekala! ¡Igwekala! ¡Igwekala!

Aquel que sirve al pueblo. Y el pueblo pedía la muerte de sus enemigos. Pedía su sacrificio con ellos.

Ngozi cerró los ojos vacíos y dejó que los sonidos de la naturaleza lo envolvieran una vez más. Acalló los gritos y se centró en el sonido del agua, en las aves que sobrevolaban el bosque tropical, en el eco de la tierra. Dejó que la danza de la naturaleza le envolviera en su abrazo. De repente las sombras ante sí desaparecieron; por primera y última vez estaba solo en el mundo, en paz. Ngozi sonrió. Ojalá hubiera podido ver como veían los demás. Ojalá hubiera podido ser como cualquier otro hombre. Pero ahora estaba preparado para cumplir su destino.

Inspiró.

Espiró.

Muerte.

Nada.

Fin.

¿Qué os ha parecido? ¿Os ha gustado? ¡Hacédmelo saber en los comentarios! También acepto cafés y me he abierto un Patreon, donde por menos de un euro al mes recibiréis relatos exclusivos, microrrelatos a la carta y más.

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Os dejo con la canción que ha inspirado el relato: Nature’s dance, de Ayreon.

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